Algunas ilustraciones para el clásico de H.G. Wells.
La cosa que el Viajero a través del Tiempo tenía en su mano era una brillante armazón metálica, apenas mayor que un relojito y muy delicadamente confeccionada.
Cuando emprendí la marcha, la noche seguía al día como el aleteo de un ala negra.
¿Pueden ustedes imaginarse un cangrejo tan grande como aquel, moviendo lentamente sus poderosas patas?
En un momento me sentí agarrado por varias manos de Morlock, y no pude equivocarme sobre su propósito…

